Hemingway
Hemingway
Home
Cuentos
Libros
Entrevistas
Artículos
Gerencia.cultural
Nórdicos
Enlaces
Trompas
Articles.in.english
Chile comic
García.Márquez
Neruda
Storni
Coloane
Hemingway
Huidobro
Pancho i Malmö
Ernest Hemingway (1899-1961)
Mirar el mar y beber mojito
Imagen


La presencia de Ernest Hemingway en La Habana, Cuba, es irrefutable para un vagamundos. En "La Bodeguita del Medio"bebo con Roxana Vittier el mojito (ron con menta y azúcar) que Hemingway bebía. Roxana me dice, con esa sonrisa irónica que me desconcierta siempre: Bébete un Hemingway especial. (una medida amplia de ron, un dedo de jugo de toronja, medio limón verde exprimido, batido y servido bien frío). Mientras bebo el especial observo en las paredes las fotos del Macho-man con los actores Errol Flynn y Spencer Tracy.
Todos los lugares donde Hemingway zarandeó son hoy una estación turística. Por ejemplo, Hemingway ocupó de 1932 a 1939 la habitación 511 en La Habana Vieja, en el hotel Ambos Mundos. Adivine: esa habitación es un museo.
Por la tarde comenzaron unos truenos luminosos. Ibamos al museo de Hemingway, en la Finca Vigía, a 15 kilómetros de La Habana, en el barrio de San Francisco de Paula. Alcanzamos a ingresar al museo antes de un chubasco tropical. Hemingway compró la finca en 1940 y la compartió con su cuarta mujer, Mary Welsh, sus 4 perros y sus 57 gatos. El Museo Hemingway está igual que cuando él la dejó en 1960. Incluye -además de los descendientes de sus gatos- 9.000 libros, 500 discos de vinilo, objetos personales, trofeos de caza y su famoso yate El Pilar.
En 1932 un huracán dejó aislado el barco de Ernesto Hemingway. Gregorio Fuentes, un pescador nacido en las islas Canarias, lo rescató. En el año 1936 le pidió que se hiciera cargo de su yate y fuera su guía de pesca.
Durante la II Guerra Mundial por las cayerías de Cuba, submarinos alemanes torpedeaban los mercantes norteamericanos que transportaban materias primas para fabricar armamento en Estados Unidos. Hemingway y Gregorio Fuentes pintaron de negro El Pilar, lo armaron con una ametralladora y se fueron a cazar submarinos. En el barco viajaba, entre otros, un radiotelegrafista de la embajada norteamericana. Desde El Pilar, por radio, avisaban a la aviación americana cuando veían un submarino.
Al otro día emprendemos en un taxi un corto viaje a Cojimar, villa marinera, a unos 15 kilómetros de La Habana, el puerto de amarre de El Pilar. Aquí el escritor conoció a los pescadores que en botes de remos, con botellas de agua, azúcar y galletas, salían al mar para pescar con sedal, peces que en ocasiones excedían en tamaño a sus embarcaciones. Gregorio Fuentes y Ernest Hemingway se sentaban en el bar La Terraza a mirar el mar y a beber mojito.
"Si usted tiene suerte puede encontrar a Gregorio Fuentes sentado en el bar fumando un habano", me dijo un taxista muy chismoso. "Gregorio tiene 104 años y es parte de nuestro patrimonio nacional, como los Cadillacs de los 50 o El Malecón de La Habana donde los queridos se besan". Roxana de nuevo sacó su sonrisa acre.
Llegamos a la Calle Real y en una esquina está La Terraza de color amarillento.
Entramos, nos sentamos, miramos el mar. La brisa era fresca, húmeda, evanescente. Le pedimos mojitos a un garzón mulato.
Aquí estábamos: mirando el mar y tomando mojito. Se está bien aquí, pensé. Se está bien aquí con Roxana y su sonrisa mordaz que me descoloca.
Yo estaba seguro de que aparecería Gregorio Fuentes.
La leyenda dice que Fuentes es el alter ego del Viejo Santiago, de la novela El Viejo y el Mar. El mismo ha entregado versiones-mitos: una vez navegaban por Pinar del Río y vieron a un bote con un viejo y un niño. El longevo luchaba con pez espada enorme, más grande que su bote. Lo fueron a auxiliar. Cuando se acercaron el viejo empezó a gritar: "Americano, hijo de puta, váyanse de aquí". Hemingway le dijo: "No le hagas caso". Cuando se alejaron dijo: "Voy a escribir un libro sobre esta historia".
De todo se puede dudar. De lo que no dudo es que el viejo Gregorio conoció a Hemingway mejor que sus 4 esposas.
Años cincuenta. Hemingway era un superstar. Pero sus obras sufrían el ácido de la crítica. Su editor le devolvió algún manuscrito impublicable. Mas le gustó la historia de un viejo cubano y su dramática historia, los 84 días en alta mar obsesionado con atrapar un pez espada..
En 1952 se publicó en Life El Viejo y el Mar. Fue un éxitazo. Los críticos hablaron ahora de un clásico. El Viejo y el Mar ganó el Premio Pulitzer. En 1954, Hemingway conquistó el premio Nóbel. Esa distinción se la dedicó a los pescadores y la medalla del premio la depositó ante la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona católica de Cuba..
La última vez que Gregorio vio Hemingway en 1960 le habría dicho: "Cuide de mi Pilar".
Entonces, volvió a su patria y se suicidó al año siguiente.
De este suicidio, por respeto a los muertos, no podemos ya dudar.
Tampoco vacilo en creer que el escritor, en el testamento, le dejó a Gregorio el yate El Pilar. Creo que fue un acto de hermandad.
Pero Gregorio no podía garantizar la seguridad del barco. Dice que habló con Fidel Castro cuando fue a conocerlo. Lo que es cierto es que al poco tiempo el comandante mandó una grúa y un camión y se lo llevaron. El barco en el que pescó agujas y "cazó" submarinos alemanes con Gregorio Fuentes se sienta ahora en la Finca Vigía, en su patio, entre helechos, árboles de mango y los hijos de sus gatos. Esa es la verdad.
Nos habíamos bebido varios mojitos y miramos muchas veces el mar.
Ya estábamos un tanto cufifos.
Pero Gregorio, mi súper héroe, aún no aparecía por La Terraza.
El moreno garzón del bar me sacó abruptamente de mi ingenuidad.
"Gregorio es un viejo que no sale nunca", me dijo crudamente el moreno, cuando le pregunté si Gregorio había ya bajado a tomar mojitos y a mirar el mar.
Lo que más me desconcertó fue la sonrisa de Roxana, tan cubana.
Volvemos a La Habana y en "El Floridita" libamos, casi por obligación, el Daiquiri. Otra bebida del gusto de Papa Hemingway.

(Publicado en Escritores y el Mar por Ecoceanos, Santiago Chile, 2002)